La política madrileña nos acaba de regalar uno de esos episodios donde la realidad supera a la ficción. En cuestión de 48 horas, el Gobierno de la Comunidad de Madrid pasó de justificar la adquisición pública de un ático de lujo en el distrito de Chamberí a ponerlo a la venta a toda prisa con el argumento de «ayudar a los afectados por los incendios». Un volantazo institucional que deja al descubierto la improvisación y la falta de explicaciones convincentes por parte del equipo de Isabel Díaz Ayuso.
De «oficina temporal» a piso de lujo sin encajeLa historia comenzó al conocerse que la empresa pública Planifica Madrid había adquirido un inmueble de más de 480 m² en el céntrico paseo del General Martínez Campos. La justificación inicial del Ejecutivo regional fue la necesidad de trasladar la agenda y las reuniones institucionales de la presidenta mientras se ejecutan las obras en la Real Casa de Correos, sede de la Puerta del Sol.
Sin embargo, las inconsistencias brotaron de inmediato:
Uso residencial: El espacio adquirido era una vivienda de lujo, no una sede representativa ni administrativa.
Ventas paralelas: En paralelo a la operación pública, se hizo público que Alberto González Amador (pareja de la presidenta) había puesto a la venta en portales inmobiliarios el piso que compartían en el mismo barrio por 1,79 millones de euros.
La reculada en 24 horas: Tras calificar la noticia como una «campaña de desprestigio», el Ejecutivo autonómico dio un giro radical al día siguiente anunciando la subasta del ático para destinar supuestamente los fondos a la reconstrucción tras los incendios de la Sierra Oeste.
El extraño fenómeno del sesgo mediático: cuando la derecha no tapa a los suyos
Más allá de la gestión del incidente por parte de la Puerta del Sol, el episodio del ático deja una lección periodística relevante. A diferencia de la férrea disciplina de trinchera a la que nos tienen acostumbrados ciertos sectores políticos, periódicos de corte conservador como ABC no dudaron en exigir explicaciones directas a Díaz Ayuso, mientras que El Mundo reconoció abiertamente la crisis de imagen y de relato que sufría el Ejecutivo madrileño.
Este comportamiento contrasta frontalmente con la cobertura de los medios afines a la izquierda frente a los escándalos del Gobierno central. Cuando el entorno del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, o ministerios de su coalición se han visto salpicados por sospechas de corrupción, tráfico de influencias o irregularidades administrativas, la tónica habitual de la prensa progresista ha sido el blindaje narrativo, la minimización del problema o la justificación agresiva hacia la oposición, comprando el mismo argumentario que se da desde el consejo de ministros por poner un ejemplo.
Ver a la prensa de centro-derecha fiscalizar a uno de sus mayores referentes electorales demuestra que, al menos en este caso, la gravedad del patinazo de la Puerta del Sol superó las líneas rojas del propio electorado conservador.
La credibilidad en juego
El intento de tapar el error alegando que la venta del piso financiará ayudas para los incendios no ha conseguido amortiguar la crítica. Cuando el dinero público se gestiona con opacidad y las explicaciones cambian según apriete el titular periodístico, el coste político es inevitable. La Comunidad de Madrid ha evitado el desgaste patrimonial rectificando a tiempo, pero el desgaste en la credibilidad de la presidenta ya está hecho. No son tan diferentes de los otros.
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